«Mi hijo no quiere comer»: inapetencia y la selectividad alimentaria – Pediatría Palermo

Como médicos y como padres, sabemos perfectamente la angustia que genera sentarse a la mesa cuando un plato queda casi intacto. «Antes comía de todo y ahora no prueba una verdura», «Solo quiere comer fideos o galletitas», «Siento que vive del aire». Son frases recurrentes que escuchamos a diario en las consultas.

Para llevar tranquilidad a las familias y ayudarlas a gestionar esta situación, analizaremos de qué se trata y les compartiremos algunas pautas basadas en la evidencia del CESNI (Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil), referente en el estudio del desarrollo y comportamiento alimentario de los más chicos.

1. Inapetencia: ¿De verdad comen tan poco?

Entre el año y los 3 años de vida se produce un fenómeno natural: la velocidad de crecimiento se desacelera en comparación con el primer año. Al crecer más despacio, sus requerimientos calóricos disminuyen, y por ende, su apetito también.

El CESNI señala que gran parte de la «inapetencia» percibida por los padres no es una falta real de nutrientes, sino una discordancia entre las porciones que el niño necesita y las expectativas que tenemos los adultos.

2. Selectividad Alimentaria y Neofobia

Alrededor de los 2 años irrumpe la neofobia alimentaria: la tendencia o rechazo a probar alimentos nuevos o desconocidos. Es una conducta defensiva esperable en la evolución del ser humano.

Los niños en esta etapa atraviesan una fase de autodeterminación. Comer solo 3 o 4 alimentos «seguros» (por lo general de color blanco o beige, de texturas suaves o crujientes) les da sensación de control sobre su entorno.

💡 Estrategias respetuosas para acompañar en casa

Te compartimos estas pautas para transformar la hora de comer en un espacio de encuentro y no de tensión:

  1. Sin presiones ni chantajes: Forzar a comer, perseguirlos con la cuchara o negociar el postre «si comés el brócoli» genera una asociación negativa con la comida y refuerza la selectividad.

  2. Exposición repetida sin expectativa: Un niño puede necesitar ver un alimento nuevo entre 10 y 15 veces en la mesa antes de animarse a tocarlo, olerlo o probarlo. Ponelo en la mesa sin exigencia de consumo.

  3. Ofrecer porciones acordes: Serví cantidades pequeñas (el tamaño del puño de tu hijo es una excelente guía visual). Si se queda con hambre, pedirá más.

  4. Involucrarlos en la preparación: Ir juntos a la verdulería, lavar las hojas de lechuga o mezclar ingredientes ayuda a familiarizarse con las texturas fuera del plato.

  5. Comer en familia y sin pantallas: Los chicos aprenden por imitación. Ver a sus referentes comer variado en un clima distendido es la mejor enseñanza.

 

¿Cuándo hacer una consulta médica? Si el rechazo genera pérdida de peso, cansancio inusual, llanto angustioso en las comidas o limita severamente su crecimiento según las curvas de control sano, es momento de evaluar la situación con tu pediatra de cabecera.

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«Mi hijo no quiere comer»: inapetencia y la selectividad alimentaria